Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)- En ocasiones, la tecnología echa luz y muestra secretos escondidos por el tiempo. No es una novedad para la ciencia y mucho menos para la paleontología, encargada de develar cómo era el mundo en épocas prehistóricas. Ahora, y a partir del trabajo con la empresa CADEX (Compañía Austral de Exploración), integrantes del Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres” de San Pedro pudieron “ver” el canal de un río de la provincia de Buenos Aires hace 200 mil años. ¿Cómo? Con la tecnología de un georradar.
“Hablamos del yacimiento paleontológico de Campo Spósito, a unos 8 kilómetros de San Pedro, que fue un lugar descubierto por el Grupo Conservacionista de Fósiles en noviembre de 2001”, le cuenta a la Agencia CTyS-UNLaM el director del Museo, José Luis Aguilar e integrante del equipo que hizo el hallazgo hace 25 años.
La Reserva está ubicada en un campo que es propiedad de la familia del mismo nombre, quienes colaboran con el Museo desde el descubrimiento del lugar. Desde aquel momento, en el lecho del río se ha encontrado un verdadero zoológico prehistórico, con alrededor de 25 especies registradas. Pero el objetivo en este caso era conocer en más detalle la morfología del lugar. Y allí fue donde hicieron un hallazgo clave de cara al futuro.
Curvas prehistóricas, tesoros paleontológicos
Con la ayuda de CADEX, cuenta Aguilar, se escaneó todo el yacimiento con un georradar modelo Opera DUO, para intentar, de esa manera, “ver” la forma de ese riacho o arroyo donde están depositados los fósiles bajo el terreno. Así, descubrieron que la zona de trabajo era, antiguamente, una curva de aquel río prehistórico.
“Hasta hace un par de meses creíamos estar excavando un tramo recto del antiguo río. Pero los escaneos efectuados con el equipo de CADEX mostraron claramente que estamos trabajando justo en el medio de un meandro. Esto explica la gran acumulación de restos fósiles en un sector relativamente pequeño”, detalla el director del Museo, quien agrega que la nueva información cambia el punto de vista operativo. “Ahora se pueden orientar las excavaciones para que estén focalizadas en este segmento. Hay más probabilidades de nuevos hallazgos siguiendo la huella que marcó el georradar”, especifica.
Con el uso de este instrumento se logró establecer con mucha exactitud la silueta del antiguo río y entender que la mayor concentración de restos está depositada en un canal de unos 50 metros de largo. También se pudo medir el espesor del antiguo barro, que fue atrapando los restos hasta que se fosilizaron.
El detrás de escena de la “foto” prehistórica
Sergio Katabian y Daniel Cofler, técnicos de la empresa CADEX, habían llegado a San Pedro para reunirse con integrantes del Grupo Conservacionista de Fósiles. “Somos una empresa dedicada a la realización de estudios geofísicos aplicados a la ingeniería, geología y arqueología, mediante la utilización de equipos como este georradar usado en el yacimiento de San Pedro detalla Katabian, en un comunicado de prensa del Museo-. En un solo barrido, pudimos obtener resoluciones de calidad a poca profundidad y de manera simultánea, a mayor profundidad”.
La empresa, cuentan, viene colaborando desde hace unos años con el Museo, poniendo a disposición equipamiento y personal técnico. “Estamos muy contentos por los resultados logrados en la exploración del yacimiento en Campo Spósito. Se realizó un mapeo digital que luego se volcó sobre una imagen aérea del lugar y, así, se logró tener la silueta del río sobre el terreno real”, aduce Cofler. Los datos obtenidos, adelanta, son relevantes para la comprensión de ese sitio y el conocimiento de su morfología permitirá facilitar las tareas de excavación.
Identikit del arroyo que es también ventana al pasado

Los integrantes del Museo ahora lo saben con certeza: no era un río caudaloso y ancho, como el Paraná, sino más parecido a un arroyo o riacho, de unos seis a ocho metros de ancho que serpenteaba por la llanura. “Es otra la dinámica de ese cuerpo de agua, tener un riacho de estas características influye en cómo se van depositando los fósiles”, remarca Aguilar a la Agencia CTyS-UNLaM.
En el lugar ya se han extraído numerosas piezas de animales como perezosos gigantes, caballos fósiles, mastodontes, un cánido de gran tamaño, tortugas de agua dulce, peces, armadillos gigantes, dos géneros de ciervos extintos… y la lista sigue.
“Actualmente, los fósiles están inmersos en una capa de barro consolidado de alrededor de 1,20 metros de espesor. Tener este nivel de información nos permitirá planificar las excavaciones con un alto grado de éxito y optimizar los recursos del museo cada vez que vamos al campo”, recapitula.
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Author: Nicolás Camargo Lescano
