Con parches de placenta humana, logran cicatrizar una herida compleja

Con parches de placenta humana, logran cicatrizar una herida compleja

Magalí de Diego (Agencia CTyS-UNLaM)- El quirófano suele ser el último y más temido recurso frente a las lesiones crónicas. Para un paciente oncológico, el escenario era crítico: una inyección intramuscular mal aplicada había derivado en una infección agresiva que destruyó los tejidos y dejó una úlcera de dimensiones alarmantes. A este panorama se sumaba un desafío doble: tenía las defensas disminuidas por la quimioterapia y, por creencias religiosas, no podía recibir transfusiones de sangre.

Frente al riesgo inminente, los profesionales optaron por una terapia innovadora que apela al tejido que envuelve los primeros latidos de una nueva vida: la placenta. Utilizaron un apósito de membrana amniótica humana que frena la inflamación, no genera rechazo inmunológico y acelera la regeneración celular.

“A mí me llegan todos los pacientes que van a amputar y, desde que trabajo con membrana amniótica, no se amputó ni uno” revela Jimena María del Pilar Rodrigo, médica especialista en cirugía plástica del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC), en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM

El parche de placenta humana, en el campo de batalla a prueba

Ante la gravedad del cuadro de aquel caso, el equipo médico propuso ingresar a un protocolo de investigación empírica. La estrategia consistió en dividir la lesión en dos mitades. En una sección ubicaron una matriz dérmica bovina y, en la otra, la membrana humana. De esta forma, podían cotejar la evolución en idénticas condiciones.

Según afirman los expertos, el parche de placenta humana frena la inflamación, no genera rechazo inmunológico y acelera la regeneración celular.

“A los cincuenta días, en la parte donde habíamos puesto el parche amniótico, ya había piel de buena calidad, elástica y sin fibrosis”, detalla Rodrigo. En la porción restante, el paciente precisaba un injerto tradicional al cual se rehusó por miedo al sangrado. Al comprobar la efectividad de la alternativa, solicitó repetir el procedimiento y a los dos meses la herida cerró por completo.

Esta compatibilidad, explican los expertos, ocurre porque el material proviene de la misma especie. Para la médica cirujana, el parche “dialoga” en el propio idioma del organismo. “El cuerpo ni siquiera lo registra como algo externo porque los factores de crecimiento, el colágeno y la elastina son de lo mismo que estamos hechos”, grafica la experta.

Congelar el tiempo para sanar

El desarrollo tecnológico de este insumo lo realiza Amnios BMA, un banco de tejidos habilitado por el INCUCAI que articula con hospitales, el CUCAIBA e investigadores del CONICET. Su principal mérito radica en rescatar la placenta humana, un órgano indispensable durante el embarazo que normalmente termina descartado como residuo patogénico.

“Durante su proceso productivo, logramos que los factores biológicos que tiene el tejido, que a las setenta y dos horas después del alumbramiento empiezan a desaparecer, se detengan en el tiempo”, advierte Mariano Berra, farmacéutico e integrante de Amnios BMA.

Para alcanzar esta meta, el equipo recolecta las donaciones para poder realizar el primer procesamiento dentro de las primeras veinticuatro horas. Durante la segunda etapa de procesamiento se aplica un método denominado de liofilización. “En este proceso, la membrana congelada pasa del estado sólido al vapor directamente, sin pasar por el líquido”, puntualiza Berra. Al trabajar al vacío, con temperaturas que van desde los sesenta grados bajo cero hasta los veinte grados centígrados, evitan que el calor degrade los componentes.

El resultado es un andamio celular con un espesor considerable que se absorbe progresivamente y facilita el recubrimiento de estructuras profundas, como huesos o cartílagos. Algo, explican los investigadores, impensado con otras opciones terapéuticas.


Accesibilidad sin fronteras

Además del impacto biológico, esta innovación transforma la logística sanitaria. Al ser liofilizado y envasado al vacío, no necesita cadena de frío, posee una vida útil de 3 años y se puede almacenar en cualquier consultorio.

“Esto puede llegar al lugar más recóndito del país”, celebra Rodrigo. Por su parte, el farmacéutico remarca que ya distribuyen a toda la Argentina, lo que democratiza un abordaje que antes era exclusivo de grandes centros urbanos.

La ventaja económica también resulta sustancial. Según precisa Berra, al funcionar como una asociación civil, solo cobran el procesamiento y cuentan con convenios hospitalarios para entregar el insumo gratuitamente a quienes no tienen cobertura. Todo un circuito virtuoso que nace con la donación altruista durante un parto y culmina salvando extremidades que parecían condenadas.

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Author: Magalí de Diego